La transformación del campo de batalla

Los conflictos actuales nos han demostrado algo a lo que, quizás, no estábamos prestando la suficiente atención. La ventaja estratégica ya no se mide únicamente por el número de carros de combate, aviones o piezas de artillería, sino por la capacidad de procesar información, compartirla y convertirla en inteligencia accionable, todo ello a un ritmo superior al de nuestro adversario.

En realidad, esta idea no es nueva. Desde la antigüedad, la información, en términos de calidad, cantidad, rapidez y oportunidad, ha sido un factor decisivo en el desarrollo de los conflictos bélicos.

Una de las bases del éxito de las legiones romanas fue, precisamente, la información de la que disponían las tropas en el campo de batalla. Cada centurión conocía el plan de combate con el mismo nivel de detalle que el propio Julio César. Habían aprendido una lección fundamental: quienes realmente ganaban las batallas eran los centuriones, tomando las decisiones críticas sobre el terreno, y no los generales alejados del combate. De ahí la importancia de disponer de la información adecuada y saber utilizarla para obtener una ventaja competitiva.

Más de dos mil años después, ese principio sigue plenamente vigente. Lo que ha cambiado no es la importancia de la información, sino la velocidad a la que se genera, se comparte y se transforma en decisiones operativas.

El teatro de combate multidominio

Las Fuerzas Armadas del siglo XXI están inmersas en una auténtica transformación tecnológica, que implica una revolución en el uso de la información durante el enfrentamiento militar. El acceso casi inmediato a los datos, el avance tecnológico y la integración conjunta de capacidades están reconfigurando la forma de emplear el poder militar para ejecutar operaciones en entornos multidominio (terrestre, naval, aéreo, espacial, cibernético y cognitivo).

En este contexto surge el concepto de combate colaborativo, donde las capacidades de las distintas plataformas dejan de operar de forma independiente para actuar como un único sistema. Así, por ejemplo, un sistema de armas puede ser empleado desde una plataforma terrestre, naval o aeroespacial utilizando los datos integrados de sensores desplegados en cualquiera de los otros dominios.

Para que este modelo sea posible, resulta imprescindible disponer de una infraestructura capaz de integrar, procesar y distribuir toda esa información en tiempo real. Ahí es donde entra en juego uno de los pilares de la defensa moderna: la denominada nube de combate multidominio (Multi-Domain Combat Cloud), sustentada sobre una premisa aparentemente sencilla: disponer de la información correcta en el momento preciso. En otras palabras, se trata de incrementar el poder militar a través de la superioridad de la información.

Nube de combate multidominio (Multi-Domain Combat Cloud)

El escenario estratégico, junto con las lecciones identificadas de los conflictos recientes, hacen necesario disponer de capacidades de disuasión y respuesta frente a amenazas tan diversas como sistemas aéreos no tripulados, misiles balísticos e hipersónicos, amenazas espaciales y armamento de precisión de largo alcance.

Ante este marco, la superioridad tecnológica y el control del espectro electromagnético, junto con la integración de sensores avanzados, constituyen factores decisivos que pueden hacer cambiar la balanza en un conflicto. Pero esto no es excluyente de otra necesidad: resulta imprescindible dominar el entorno de la información, proteger eficazmente los sistemas de Mando y Control y salvaguardar la integridad de los datos frente a manipulaciones.

La tecnología se convierte, por tanto, en un elemento habilitador, acelerando el ritmo de batalla para superar al adversario con ciclos de planeamiento, decisión y ejecución más cortos. Y para operar bajo este paradigma, se hace necesario el uso de nuevas tecnologías capaces de conectar todos estos elementos y convertir los datos en una capacidad operativa real.

Aquí es donde aparece el término de “nube de combate” (Combat Cloud), entendida como una red global para compartir datos de forma transparente, que, por diseño, debe ser resiliente y robusta. A partir de aquí, entran en juego tecnologías como el 5G, Inteligencia Artificial (IA), Big Data, IoBT (Internet of Battlefield Things) y, cómo no, a todas estas tecnologías hay que aplicarles una capa de ciberseguridad para garantizar la seguridad de los datos y las operaciones.

La nube táctica debe convertirse así en una parte esencial de cualquier futuro sistema de combate. Pero convertir este concepto en una capacidad operativa real implica enfrentarse a un reto fundamental: cuanto más conectamos el campo de batalla, mayor es también la superficie que debemos proteger.

Retos para la implementación de la nube de combate

La implementación de este nuevo concepto no está exenta de retos y desafíos. El principal reto es hacer frente a las ciberamenazas y a los escenarios donde los elementos de Guerra Electrónica (EW) hacen que la operación y funcionamiento de esta pueda degradarse o, incluso, llegar a negarse.

En este sentido, a la luz de la ingente cantidad de amenazas emergentes, se hace indispensable incorporar la ciberseguridad por defecto (security by default) para operar cada uno de estos sistemas que comprenden la “combat cloud”. Todas y cada una de las tecnologías incluidas en esta nube de combate deben ser analizadas individualmente y también en su conjunto, realizando análisis de riesgos.

Además, durante su implantación, su operación y sus ciclos de mantenimiento se deben llevar a cabo procesos de “hardening”, test de intrusiones, simulación de adversarios, etc., que nos ayuden a tratar de hacerlas más ciberseguras.

Y es que no podemos olvidar algo fundamental: una nube de combate que no sea capaz de resistir un ataque, una degradación de las comunicaciones o una manipulación de los datos puede terminar convirtiéndose en una vulnerabilidad en lugar de en una ventaja.

Esto implica formar al personal en nuevas disciplinas y generar equipos que velen por la seguridad de todas las tecnologías que conforman la nube táctica. Esto no será posible sin la colaboración público-privada, donde las empresas privadas podrán proveer de conocimiento, formación y experiencia a nuestras FAS para mejorar la creación y operación de todas estas tecnologías.

Precisamente, algunas de estas tecnologías ya están llamadas a desempeñar un papel fundamental en esta transformación. Una de ellas es el 5G.

El 5G aplicado a las operaciones de la OTAN

En la nube táctica, el 5G es considerado por las principales organizaciones de Defensa como una tecnología disruptiva que cambiará profundamente la forma en que se planifican y ejecutan las operaciones militares. Aunque todavía se están haciendo ensayos y pruebas, el 5G deberá proporcionar conectividad segura, fiable y de baja latencia a múltiples nodos en movimiento, así como sostener la integración de sensores, armas inteligentes y plataformas ISR. Además, el 5G se posiciona como tecnología habilitadora para integrar la IA, el Big Data, el IoBT, etc.

Por esta razón, en septiembre de 2021, se inició el grupo de trabajo IST-187 “5G Technologies Application to NATO Operations”, con el que OTAN, a través de su organización STO (Science & Technology Organization), comenzó a analizar los aspectos tecnológicos y de seguridad del 5G para su aplicación en operaciones militares. A día de hoy, este grupo de trabajo está formado por más de 30 miembros, incluidos representantes de varios países, empresas de tecnología, universidades y centros de investigación.

Sin entrar en mucho detalle, ya lo haremos en posteriores artículos, la tecnología 5G es, quizás, esa tecnología habilitadora que tiene el potencial de transformar radicalmente las comunicaciones al permitir un salto significativo en esa nube de combate multidominio de la que estábamos hablando a lo largo de este artículo.

Pero la conectividad, por sí sola, no es suficiente. Si queremos que esa nube de combate sea capaz de obtener información del entorno, necesitamos también sensores y dispositivos que proporcionen esos datos. Y es precisamente aquí donde entra en juego otra de las tecnologías que está adquiriendo cada vez más relevancia: el IoBT.

IoBT (Internet of Battlefield Things)

El IoBT está siendo cada vez más integrado en las estrategias de defensa y ha comenzado a influir en la doctrina militar. La capacidad de obtener y analizar datos en tiempo real proporciona una ventaja significativa. Esto permite a las fuerzas armadas no solo responder más rápidamente, sino también anticipar movimientos enemigos y optimizar la logística y la distribución de recursos. Además, el IoBT facilita operaciones coordinadas y sincronizadas entre diferentes unidades y tipos de fuerzas, lo que puede ser decisivo en operaciones complejas y multidimensionales.

En otras palabras, el IoBT permite que la nube de combate vea y conozca lo que está ocurriendo en el entorno. Pero cuantos más sensores y dispositivos conectamos, más información obtenemos y, al mismo tiempo, mayor es la superficie de exposición.

Como cualquier tecnología, su implantación en un entorno como el militar está plagada de complejidades técnicas. Cada nuevo dispositivo conectado está, potencialmente, aumentando la superficie de exposición, elevando el riesgo de ciberataques que podrían comprometer las operaciones o, incluso, poner en peligro vidas humanas.

Como ya comentamos en la definición de la “combat cloud”, la integridad y la seguridad de los datos recogidos a través de estos dispositivos son de una importancia máxima, dado que una alteración o manipulación intencionada de los datos por parte de un agente externo podría tener consecuencias desastrosas en la conducción de una operación.

Al igual que con el 5G y, como veremos más adelante con la IA y otras tecnologías, la adopción debe considerar aspectos tan relevantes como la seguridad. Se hace necesario introducir aspectos como el análisis de riesgos, la monitorización y supervisión de la seguridad mediante centros de operaciones de seguridad.

Pero una vez que hemos conseguido conectar plataformas, sensores y sistemas, y somos capaces de recoger grandes cantidades de información, aparece una nueva necesidad: procesar toda esa información y convertirla en inteligencia útil para la toma de decisiones. Y aquí es donde la inteligencia artificial adquiere todo su potencial.

IA - Inteligencia Artificial

Otra de las tecnologías que más resuenan cuando hablamos de la transformación y modernización del campo de batalla es la inteligencia artificial. No cabe ninguna duda de que la IA ha emergido como una tecnología transformadora en numerosos y variados aspectos en el mundo actual, pero es en su aplicación a las operaciones militares donde puede cobrar especial relevancia, debido a su potencial para mejorar la toma de decisiones.

Por su potencial, la inclusión de la IA en el ámbito militar es crucial para mantener la ventaja sobre adversarios y competidores, tanto estatales como no estatales, que están adoptando la IA y representan un desafío para las democracias occidentales.

El uso de la inteligencia artificial puede extenderse a muchos ámbitos, que van desde la ayuda en el planeamiento de operaciones militares, pasando por la ingesta e interpretación de gran cantidad de información para convertirla en inteligencia que sirva como apoyo en la toma de decisiones. Aunque también existen otros usos que, por citar alguno, van desde la creación de campañas de desinformación, las fake news, o incluso la IA ofensiva capaz de realizar intrusiones en sistemas y redes clasificadas o infraestructuras críticas.

Y aquí volvemos de nuevo al mismo punto del que partíamos: la información solo es una ventaja si podemos confiar en ella.

A la vista de lo expuesto, tal y como ya comentamos con otras tecnologías, el uso de la IA no está exento de una necesidad imperiosa de protección frente a vulnerabilidades que puedan ser explotadas por los adversarios; vulnerabilidades que van desde ataques a los datos en sí, ataques a los modelos (prompt injection, model poisoning, etc.), o incluso a sus infraestructuras subyacentes.

Además, debido a la evolución imparable de la IA, no solo debemos protegernos de las amenazas actuales, sino también anticiparnos a aquellas que puedan aparecer a medida que estas tecnologías evolucionen.

Conclusión

Como conclusión, en base a lo expuesto en este artículo, podemos afirmar que el campo de batalla, tal y como tradicionalmente lo conocíamos, ha cambiado radicalmente. Podemos afirmar que estamos, efectivamente, ante una revolución y/o transformación del campo de batalla. Ello implicará un mayor conocimiento y entendimiento de las amenazas y los entornos, así como de las tecnologías emergentes que serán usadas en el teatro de operaciones.

Pero hay algo que permanece: la necesidad de obtener información, comprenderla y convertirla en decisiones antes que el adversario. Lo que ha cambiado es la escala, la velocidad y la complejidad con la que debemos hacerlo.

La nube de combate multidominio, el 5G, el IoBT o la IA, entre otras muchas, son tecnologías que pueden proporcionar una ventaja decisiva, pero todas ellas tienen algo en común: necesitan estar conectadas, necesitan intercambiar información y, por tanto, necesitan estar protegidas.

Más adelante, en sucesivos artículos, y para no hacer excesivamente extenso este, iremos tratando cada una de las tecnologías en detalle. Veremos la importancia que tiene hacerse las preguntas adecuadas antes de implementar una tecnología en el teatro de opearciones: ¿cuándo debe incorporarse esta tecnología?, ¿cómo debe hacerse?, ¿cómo debemos protegerla?

Llegados a este punto, de nuevo, la colaboración con el mundo civil se vuelve fundamental, pues se pueden extraer lecciones aprendidas de otras implementaciones como en infraestructuras críticas o entornos sensibles. Estas lecciones nos ayudarán a dibujar el camino que debemos recorrer para la implantación de las nuevas tecnologías en el campo de batalla.

Porque la innovación seguirá siendo imprescindible, pero ya no será suficiente por sí sola. La verdadera ventaja estará en nuestra capacidad para integrar estas tecnologías, hacerlas resilientes y, sobre todo, hacerlas seguras frente a las incipientes ciberamenazas a las que nos enfrentamos.

Espero que este artículo haya sido de su interés. Como siempre, cualquier comentario, aportación o corrección será más que bienvenida y, sin duda, ayudará a seguir aprendiendo.

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